Socialistas de todos los partidos

Blog inspirado en el libro "Camino de servidumbre", que Hayek dedicó a los socialistas de todos los partidos. Socialismo entendido como colectivismo, como sumisión del individuo al grupo, en aras de hermosos ideales que no sólo en su sueño producen monstruos.

domingo, junio 25, 2006

La izquierda y la derecha

En Italia se vota en referéndum una reforma constitucional que daría a las regiones las competencias en sanidad, educación y policía local. Es decir, si sale que sí, las regiones italianas pasarán a tener algunas de las competencias que ya tienen las CCAA españolas. Lo curioso es que allí la derecha está a favor, y la izquierda en contra. La izquierda piensa que el Estado garantiza la solidaridad entre regiones ricas y pobres, y que mientras más competencias tenga cada región, menos solidaridad y menos igualdad entre ciudadanos. La derecha, en cambio, quiere que cada región se arregle más con lo que tenga, y aumente su "autogobierno". Eso es coherente con el hecho de que la derecha saca más votos en la Italia rica, y la izquierda en la Italia pobre. ¿Por qué, pues, en España es la izquierda la que promueve una descentralización aún mayor, siempre mayor?. ¿Es bueno el estatut catalán para Andalucía?. Lo dudo, e hice una entrada al respecto.

Pero, más allá de estas diferencias entre Italia y España, ¿qué es la izquierda y qué la derecha?. Sobre este tema escribió en abril de 2.004 un sugerente artículo Sigfrido Samet en la revista de filosofía en red El Catobeplas.

http://www.nodulo.org/ec/2004/n026p13.htm

Destaco algunos párrafos:

"La función de la política no es cambiar radicalmente la sociedad.

¿Qué es izquierda, y qué es derecha?
Stanley G. Payne muestra con numerosos ejemplos que el fascismo no es reaccionario, sino revolucionario (igual que el comunismo) y que los movimientos fascistas necesitan libertad política para acceder al poder: los gobiernos de derecha son un freno al fascismo. Y Gustavo Bueno dice: «Coyunturalmente la derecha podría ser conservadora o retrógrada, pero es aún mucho más probable que la derecha, y sobre todo en la época del capitalismo, sea dinámica y progresista». Y con igual acierto, Horacio Vázquez Rial dice: «La confusión al respecto es tan enorme que ha alcanzado a las mismas derechas: hemos visto como en España los viejos franquistas se convertían en votantes del Partido Popular, cuyo proyecto neoliberal de desregulación del Estado se opone en todos los aspectos al proyecto estatalista, autárquico y corporativo de Franco.»

Izquierda y derecha representan tradiciones culturales y éticas. No son opuestos, sino asimétricos. Las posiciones de izquierda se asocian con la generosidad (aunque ETA, no lo olvidemos, es de izquierda y «marxista-leninista», y los nazis eran (nacional-socialistas), solidaridad y el deseo de producir cambios sociales que favorezcan a los más pobres; es decir, a ideas o sentimientos. Las de derecha suelen ser más tradicionalistas, individualistas y pragmáticas, no ideológicas, y sus portadores suelen dedicarse a actividades empresariales. El izquierdista cree ser más altruista. Tal vez lo sería si fuera posible mejorar la sociedad de inmediato por medidas administrativas. Sin embargo es obvio que la vida de la gente ha mejorado enormemente a partir de la revolución industrial, y esto es resultado de la acción (no de los deseos conscientes) de los empresarios (y no de los ideólogos).

Creer que la economía depende de decisiones voluntarias y que se puede elevar el nivel de vida por decreto, conduce a políticas populistas que destruyen la economía y el nivel de vida de todos nosotros.

Oponerse al «liberalismo» es luchar contra molinos de viento. Hay que enumerar las medidas concretas a las que uno se opone (no simplemente a etiquetas) y fundamentar el por qué de esa oposición. Aún más importante: hay que enumerar las medidas concretas que apoyamos, y fundamentar el por qué, incluyendo su viabilidad financiera y técnica. No basta con generalizaciones o expresiones de deseos, como hacen los partidos en las campañas electorales. Por ejemplo: la vivienda está cara (no obstante lo cual todas se venden). Utilizar la palabra «especulación», como si se tratara e un delito, no sirve de nada: de cualquier mercadería cuya demanda crece más que la oferta, los precios suben. Y menos hablar de «tramas» y culpar al Gobierno sin probarlo (como ahora el Gobierno es de izquierda, ¿debería bajar el precio de la vivienda?). El 30% de la demanda de inmuebles es de extranjeros; es una cifra suficiente para explicar el aumento de los precios, que en la UE tienden a igualarse. Si alguien ofrece viviendas económicas («sociales»), tiene que explicar cómo las va a financiar. Porque todo lo que se vende por debajo de los precios de mercado, es porque el conjunto de la sociedad paga la diferencia. Está muy bien que los más pobres se beneficien, siempre que los demás estén dispuestos a contribuir para ello. Pero estaría muy mal que algunos o muchos, por tener amigos influyentes, se beneficien, porque entonces serían ellos los especuladores, y esos amigos los corruptos, a costa de los demás ciudadanos.

Está muy bien que el personal de astilleros y otras empresas, luchen por conservar sus puestos de trabajo. Pero, ¿saben ellos por qué Corea tiene la mitad de los pedidos de barcos de todo el mundo, y por qué no tienen pedidos los astilleros españoles? ¿La dirección de los astilleros es ineficiente, o no quiere tomar pedidos? Porque, si no se sabe esto, ¿cómo se obtendrán pedidos? ¿O esperan que, aunque no haya trabajo, el Estado (es decir, todos los ciudadanos) les pague sus salarios?

Las ideologías son nocivas porque inducen a creer que las «ideas», las creencias, tienen un poder transformador. Los grandes partidos son muy similares entre sí y se diferencian en mucho menos de lo que pretenden. Pero la alternancia es muy necesaria por dos razones:

1) Si ningún partido tiene mayoría abrumadora, sabe que puede ser relevado en cualquier momento y, para evitarlo, será más cuidadoso con sus acciones y expresiones,
2) La permanencia prolongada en el poder, vuelve a los gobernantes más arrogantes y además aumenta la posibilidad de que arraigue la corrupción."

4 Comments:

Blogger cb said...

No sé si conoces el libro de Anthony Giddes "Más allá de la izquierda y la derecha". Está muy bien.
Para mí, la diferencia fundamental está en el papel que queremos que juegue el estado en la economía. Creo en el libre mercado, creo en la defensa de los derechos individuales de las personas por encima de los derechos de las comunidades. Eso, según parece, me coloca a la derecha... Pues vale. Sin embargo, no estoy de acuerdo con otros valores que se le atribuyen a la derecha.

1:21 p. m.  
Blogger caminodeservidumbre said...

No lo conocía, gracias por la recomendación. Respecto a la situación en el espectro izquierda-abajo, me sucede lo mismo que a tí. Quizás habría que añadir un nuevo eje arriba-abajo, que posibilite clasificaciones políticas más precisas. Existen intentos de ese tipo, quizás haga una entrada más adelante sobre ello.

6:00 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

¿Será que la contradicción es naturaleza humana?
El dinero, la economía, las ideas, el altruísmo,...bla bla bla... no piensa por sí mismo, todo está en el individuo y en su comportamiento hacia lo que y quienes le rodean.
Que pena que siempre nos olvidamos de eso; se podría hacer un cocktel de ideas de derecha e izquierda, ¿se le llamo CDS en España?

5:33 a. m.  
Blogger caminodeservidumbre said...

Pues sí, anónimo, dado que el sistema electoral español no es de tipo mayoritario, al menos podríamos tener la suerte de que el partido bisagra fuera del tipo de UCD, y no IU o partidos nacionalistas.

Sobre por qué UCD (después CDS) terminó como terminó, podría hablarse mucho. Pero con su paso a la insignificancia electoral se perdió un punto de apoyo muy importante para la política española.

12:05 p. m.  

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